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TEXAS JUNIO 2006

Tras leer las historias de Tejas de Jorge, varias veces a lo largo de los meses, hubo un momento que no aguantamos más. Mis amigos Fede, Ricard y yo decidimos que debíamos copiar dicha experiencia. Como es lógico consultamos en las webs sobre caza con arco en Tejas y a diferentes compañeros llegando a la conclusión que la mejor opción, por razones de costes y garantías, era ir al rancho de La Laguna donde estuvo Jorge y sus amigos.

Nos avisaron no obstante que el mes de Junio no era el más indicado para las javalinas y marranos ya que hacía excesivo calor y solo se movían al amanecer y al anochecer, pasando las horas centrales del día a la sombra entre los espinos. No obstante las ganas nos pudieron y emprendimos el viaje.

Desde estas líneas y antes de narrar el viaje quiero agradecer a Jorge Amador lo mucho que nos ayudó en lo referente a pasarnos la información y contactos para alquilar coche, alquilar hotel, tener un sinfín de artículos de Cabelas ya preparados para nosotros, aclarar dudas del equipo que llevar...No le conozco en persona pero la colaboración y ayuda altruista que nos prestó fue la que se espera de un gran amigo de toda la vida.

El 2 de Junio partimos desde Madrid dirección Chicago con Iberia-American Airlines. Un vuelo como todos los que duran horas y horas. Luego enlazamos para San Antonio, Tejas, llegando a las 21.00H aprox. Fuimos a buscar el coche en las mismas proximidades del aeropuerto con un autobús gratuito de la misma compañía de automóviles y con el mapa que nos proporcionaron fuimos a dormir a Agustín, a 1h en coche. A la mañana siguiente en 15min, tras el desayuno, llegábamos a Cabela's de Buda. Allí nos esperaba Sue y todos los artículos que habíamos encargado de ropa de frío. Hay que tener en cuenta que cada Cabela´s aun siendo enorme, sólo tiene los artículos que se usan según la zona donde esté emplazado, por lo que por ejemplo, la ropa para temperaturas extremas no la comercializan en Tejas. Por ello y en nuestro caso tuvimos que solicitar que la enviasen de la central a Buda para poderla tener. Nuestro contacto para conseguir agrupar todo lo que pedimos fue Sue quien se encargó, además durante nuestra estancia, en ayudarnos en todo momento en lo que necesitamos y en sacarnos allí in situ las licencias de caza. Estuvimos casi todo el día e incluso comimos allí...y aun así nos dejamos de ver cosas. Esos sí, salimos con 4 carritos de la compra llenos a rebosar mientras los tejanos nos miraban atónitos...estábamos contentos aunque en la ruina! Una cosa a destacar es el tema del tallaje americano. Éste es totalmente diferente al nuestro, como ya sabréis muchos, por lo que es muy importante para los que queráis comprar ropa por internet, que de alguna forma u otra antes os hayáis probado ropa americana, ya que podéis cometer un grave error y recibir por correo algo que os vaya enorme!

Tres horas de coche nos separaban del rancho, cerca de Laredo. Llegamos cerca de las 19.30h y allí nos esperaba Jerry Gonzalez. Ya de camino al rancho pudimos ver un montón de whitetails, marranos y jabalinas...hecho que nos puso a tono. Tras la charla de rigor y pagar lo que faltaba de la totalidad de lo contratado fuimos a cenar, quedando por pagar al final de la estancia el número de sacos de maíz que fuéramos a gastar. En nuestro caso contratamos estancia, caza, cocinera y comida y un desollador de lo que cazásemos. Tras la cena mejicana de la cocinera Linda nos presentaron a Ge, su marido, futuro desollador y trabajador del rancho. También conocimos a 2 guías que estaban invitados por el dueño y que llevaban 3 días cazando por las noches a los marranos. Llevaban ya más de 15 marranos. Nos fuimos con ellos esa noche y vimos su técnica que consistía a partir de las 12h cuando salía la luna llena, en ir lentamente por los caminos con el coche, previo haber tirado maíz horas antes,  y cada 100m parar y con los prismáticos analizar todo lo que se veía. Cuando se localizaba algún marrano se bajaban y lentamente, pegados a la sombras se le acercaban para tirarle con el poleas. La técnica funcionaba de maravilla pero los marranos que no son tontos ya les conocían por lo que algunos al percatarse que se les acercaban se alejaban con trote cochinero  unos 40m para seguir comiendo, pues les tenían tomadas las distancias de seguridad. El primer día abatieron 8 marranos, el segundo 6..y así hasta nuestro noche que solo abatieron 2.  Fede decidió hacer un rececho a 2 llegando a tirar a 15m a uno, pero fallando con su recurvo Black Douglas. Eso de tirar de noche con recurvo, sin pines, luces ni lasers es más complicado de lo que parece. Luego más tarde intenté el rececho yo acercándome a 10m a un marrano...pero el marrano nunca se me ladeaba para poderle atizar con mi Blackwidow por lo que al final se percató de mi presencia y se largó. Ese mismo día empezó mi suplicio de maldecir cientos de veces no haber cogido mi poleas Mathews con el que siempre he cazado. Con un intento romántico y de desafio llevaba 3 meses aprendiendo a tirar instintivo y quise arriesgarme a hacer ese viaje con solo mi recurvo. A las 2am fuimos a dormir cansados y con un jetlag de cojones.

A la mañana nos levantamos a las 5am y tras desayunar café y galletas nos fuimos a conocer la zona a las 6am ya con luz. Descubrimos que a parte de los caminos de polvo y tierra todo era un mar de arbustos o bosques espesos llenos de espinos y cactus. Una pesadilla para cualquiera que tuviera que entrar en esas zonas a buscar flechas pérdidas, animales abatidos... Jorge ya nos los advirtió.

 

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En las fotos no se aprecia pero todos, absolutamente todos los arbustos tenían pinchos, atravesándonos las suelas de los zapatos los que se encontraban en el suelo!

La técnica consistía en esparcir maíz por los caminos más querenciosos y cerca de zonas de agua. Uno se quedaba tranquilamente protegido por los arbustos, con el viento a favor, controlando todo el camino con los prismáticos. Tras esperar media hora, a veces tan solo 10minutos, se tenían que ver salir las jabalinas a las que se les empezaba a recechar. No obstante muchas veces pasamos mañanas o tardes enteras sin ver nada. Otras por desesperación entramos en ese mar de pinchos para avanzar muy que muy lentamente, la pinzas preparadas, intentando sin éxito descubrir algún animal despistado.

  Si bien se vieron pocos jabalinas y marranos, no obstante resultó ser un paraíso para la caza de conejos ya que hay muchos, aunque son más pequeños que el español, y éstos dejan acercarse bastante ya que se creen a salvo de los depredaores manteniéndose cerca de los cactus. Mis amigos Ricard y Fede se lo pasaron de lo lindo abatiendo un montón...mientras veían que mi ratio de éxito era de 1 cada cinco tiros. Eso si, al tercer día ya todos los conejos supervivientes nos conocían y habían aprendido la amenaza que suponíamos por lo que las distancias de seguridad las aumentaron enormemente pasando a ser más complicadas sus capturas. Al final del viaje cobré un total de 4 conejos tras tirarles al menos 25 veces...Lo reconozco estaba resultando ser malo de verdad

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Esa misma mañana (día 1) y en el camino principal nos salieron 3 jabalinas cuando íbamos en coche. Bajamos Richard y yo avanzando pegados a los arbustos Ricard por la derecha y yo por la izquierda. Estábamos a 30m cuando de pronto frente a mi a escasos 10m salió una jabalina comiendo maíz en medio del camino. Me paralicé y empecé a silbar a Richard que me miraba mientras yo con los ojos le señalaba la jabalina. Él al tener arbustos en medio no la veía hasta que al final se movió. Le tiró, pero al tener él la valla de alambres por el medio erró el tiró. La jabalina se meneó y tras unos segundos le tiró un segundo tiro que también falló. Todas corrieron hacia los arbustos. Yo me acerqué entonces a ellas y las llamé con el reclamo de jabalinas que compré en Cabelas. Dicen que son animales que acuden en grupo al oír a un compañero herido, que es el sonido que imita el reclamo. Y efectivamente vinieron...apareciendo de pronto entre los arbustos, pero solo te dan 1 segundo ya que al ver a un hombre huyen de inmediato, hay que estar muy bien camuflado. He de decir que si en esos momentos hubiese conocido el comportamiento de las javalinas como ahora tras múltiples encuentros, no hubiese silbado a Ricard, le hubiese lanzado una flecha sin pensármelo. Las jabalinas ven francamente mal, muy mal y sino te mueves rápido ni se percatan de ti. El oído no obstante lo tiene bueno y el olfato de sobresaliente. Pero si te acercas con el viento a favor y sin hacer ruido, cosa casi seguro ya que el suelo es todo arenilla por lo que ni se te oye, puedes ir hasta en campo abierto hacia ellas si los movimientos son lentos. Yo esto no lo sabía en esos momentos por lo que acostumbrado a la fauna de caza mayor española supuse que si me meneaba un milímetro esa jabalina hubiese volado por lo que opté por avisar a mi amigo a que al menos tuviese una oportunidad.

A las 8.30am todos los animales se recogían a las sobras de los espinos por lo que la caza se acababa para reiniciarse  las 18h hasta las 21h que ya era negra noche. Así que el resto del día solo podías dormir, disparar a la diana, comer....y charlar. Y así lo tuvimos que hacer los 5 días de caza que pasamos

CONTINUA