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Llegada al rancho e introducción a la zona de caza...
En una oficina de información al turismo de Texas nos reencontramos con Jerry Gonzalez, de Pedernal Bowhunts y nos dirigimos al rancho Laguna. Unos 5 minutos después de pasar la puerta ya vimos el primer grupo de javelinas. Llegamos a nuestro alojamiento y vimos un grupo de pavos salvajes que estaba a escasos metros de la casa que usaríamos los días siguientes como "cuartel general". Dejamos las cosas en nuestras habitaciones y dimos el primer paseo de reconocimiento del rancho, el cual nos dejo claro que javelinas había unas cuantas. Ver los distintos grupos desde los coches nos ayudó a estudiarlas y observarlas con detalle.
El alojamiento era correcto, usamos 3 habitaciones para los 7, teníamos 2 baños y dos duchas, una mesa grande, cocina y una mesa en el porche que se convirtió en nuestra mesa de tertulias rápidamente. Nuestro cocinero, Rafael, se encargaría de hacernos la comida y junto con Jerry Gonzalez solucionarían los temas logísticos día tras día. Para movernos por el rancho íbamos a tener 3 coches, dos de alquiler y otro propiedad de Jerry. Las instalaciones contaban con un frigorífico tipo industrial para guardar los animales y unas completas instalaciones para el despiece de los mismos. El rancho tenía mas de 6.000 has, permitiendo la libre circulación de ciervos, javelinas, marranos....
La comida corría a cargo de Rafael, comida mexicana en un 100%, tacos de carne asada, de pollo, frijoles...todo ello aderezado con algunas salsas mas o menos picantes. Rafael y su esposa, Jessica, nos invitaron a cenar a su casa uno de los días, comiendo lentejas, arroz, nopales, incluso pescado (Tilapia), una buena cena la verdad y muy agradable

Nuestra casa se encontraba a unos metros de un gran estanque. Los árboles de su ribera, los mas altos del rancho, eran los elegidos por los pavos salvajes, guajalotes o wild turkeys, para dormir cada noche, podíamos verlos y oírlos todas las mañanas. También pudimos ver en sus orillas algún coyote y por supuesto la fauna típica de una laguna, garzas, tortugas, serpientes. La parte trasera de la casa, donde se almacenaba maíz, era visitada por algún mapache casi cada noche. El estar tan cerca del agua en un lugar semidesértico hacía la zona muy frecuentada por codornices, cardenales y aves de todo tipo. Disfrutamos incluso de algunas mariposas monarcas. Como os podéis imaginar disfrutar en el porche y ver pasar las horas se hacía fácil.
La vegetación de la zona de caza es algo increíble, apenas existen árboles de talla media-alta excepto en las riberas de los estanques, se trata de un mar de arbustos, matorrales y cactus. Nopales, mesquite, tasajillos, el 95% de la vegetación pincha y es tan densa que llega a desesperar. Los nopales perforan las botas, pantalones, guantes, chaquetas, guantes de cuero... con sus pinchos, son tan desesperantes que uno se alegra de toparse con mesquites, cuyos pinchos son mas grandes, mas fáciles de evitar y con menos mala leche, aunque como pises uno perforan hasta las suelas. Varios días después seguíamos sacándonos trozos de pinchos y curándonos los arañazos. Los pisteos se convertían en una pesadilla si a esa vegetación la sumabas los 40ºC y algún que otro susto de las cascabeles.

Si juntas todo esto, pinchos dolorosos, arañazos, calor, pulgas, garrapatas y añades para finalizar serpientes de cascabel uno se da cuenta de que la palabra cómoda no es lo que define a la caza en esa zona. Las condiciones del terreno, el clima y otras cosas hacen que cazar en esa zona no sea el mejor destino para gente que no este dispuesta a sufrir pinchazos, pulgas, garrapatas..

Para no ir aburriendo desgranando los días uno tras otro haré un breve resumen de su trascurso. La jornada empezaba a las 5:30 de la mañana, nos levantábamos y teníamos el café recién hecho gracias a Rafael. Lo acompañábamos con algo de bollería, zumo de naranja, tostadas...llenábamos los botellines de agua y salíamos a cazar. A primera hora hacíamos los planes, nos dividíamos las zonas buenas del rancho y nos repartíamos en los 3 coches que teníamos. Las javelinas se pueden cazar durante casi todo el día, se pueden ver los grupos a las 7 de la mañana, a las 3 del mediodía o en cualquier momento así que parábamos poco para descansar. Las altas temperaturas que sufrimos, cerca de los 40ºC, hacían que el cuerpo se resintiese y teníamos que tomar medidas contra la deshidratación al estar todo el día en el campo. Aparte del agua, disponíamos de una nevera portátil que Rafael y Jessica, la encantadora mujer de Rafael, llenaban de limonada o de gatorade. Cazábamos hasta las 9:30-10:00 hora en la que se desayunaba y por regla general salíamos a cazar de nuevo. A las 14:00 comíamos algo y sobre las 16:30 volvíamos a cazar. Se cenaba ya de noche, sobre las 20:00 y muchas veces volvíamos al campo para dar una vuelta nocturna. Creedme si os digo que al final de la jornada el cansancio nos afectaba a todos.

Los animales que podíamos cazar, sin tasas de abate, eran muy numerosos. Los principales, javelinas o pecaries, marranos, coyotes, bobcats, mapaches o caza menor como conejos, liebres o incluso animales variopintos como serpientes de cascabel.

Ahí estábamos, los 7, dispuestos a perseguir a las javelinas (pecaríes) y marranos a través de un desierto lleno de cactus, pinchos, serpientes, 40ºC....todo un panorama ante el cual sólo un cazador puede estar contento de vérselas durante 8 días...