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Nos ponemos en marcha

Eran las cuatro y media de la tarde cuando nos introducíamos a hurtadillas en un “blind” situado a unos veinticinco metros de una charca muy tomada. No había pasado ni media hora cuando aparecen cinco facoceros jóvenes, ninguno de ellos es un trofeo interesante pero Bertus me dice que le tire a uno para probar el arco; elijo el más próximo a la orilla del charco, esta a veintidós metros de nosotros, apunto al codillo, corrijo a ojo el punto de impacto y suelto la flecha que vuela rauda hacia él para terminar clavándose en una acacia tras peinarle las crines con la pluma, el susto del cochino es mayúsculo y los cinco abandonan el agua a todo correr. La decepción se hace patente en el rostro de Bertus que sin poder evitarlo deja escapar un par de tacos en Afrikáans.  

Foto izqda: El autor junto a un agujero de Facocero

Foto dcha:Como nuestros jabalíes, los facos también gustan del barro y los rascaderos

Ante aquella situación opto por regresar al campamento donde realizar una larga sesión de tiro para acostumbrarme a la deriva del visor. Estábamos a punto de alcanzar el lugar donde nos aguardaba el vehículo cuando nos vemos inmersos en un combate de impalas. Con el final de las lluvias llega el periodo de celo, y los machos se enzarzan en sonoras peleas por la posesión de las hembras, combates que pueden llegar a ser muy cruentos tal como tuvimos ocasión de comprobar durante nuestra estancia. De repente, Bertus se hecha los prismáticos a la cara y exclama:

         - ¡Whoou! es un big, big macho -

Su gesto de complicidad lo dice todo, ha localizado un gran ejemplar y me propone realizarle una entrada, asiento con la cabeza y comenzamos el rececho. Poco a poco nos vamos acercando al grupo, que en esta ocasión parece discutir por la posesión de una piedra de sal situada en un pequeño claro a unos setenta metros de nuestra posición. Entre broncas y carreras, el grupo se va reduciendo hasta que solo quedan dos contendientes, un individuo joven y nuestro macho. Mientras tanto, nosotros hemos ido ganando terreno, y con el aire a favor permanecemos apostados tras unos mopane desde donde tenemos una buena visual de la piedra. Finalmente, el gran macho hace huir al joven pretendiente, y tras comprobar que es el rey del claro se dirige despacio hacia el bloque de sal. Los primeros lametones son tensos y sonoros, provocados sin duda por el esfuerzo de la pelea, poco a poco la tensión desciende y comienza a mostrarse más relajado, momento que aprovecha Bertus para realizar una ultima medición con el telémetro.

Un Impala se refresca en un pequeño charco originado por las lluvias de la noche pasada

         -Veinticuatro metros. Shoot but please make a good shoot-

Decidido a realizar el mejor tiro de mi vida, tenso el arco y coloco el punto rojo del visor sobre el codillo del impala, corro la mano hacia la izquierda hasta situarlo justo sobre el eje de la pata y desciendo sobre ella unos centímetros para intentar corregir la deriva del visor; respiro profundamente y suelto la cuerda.

         - ¡Yes… good shoot! a little bit rear but, buen tiro -

La flecha ha volado directa hasta el impala alcanzado su objetivo justo sobre el codillo aunque ligeramente trasera. Mientras el animal se aleja entre la maleza, puedo ver con claridad como parte del astil y la punta han atravesado transversalmente la caja torácica. Salimos de nuestro escondite y tras comentar el lance Bertus llama por radio a nuestro pistero; no han transcurrido ni quince minutos cuando Gonny hace su aparición. Sin perder un segundo, observa con detenimiento la arrancada del impala y nos señala su rastro de huida. Hemos recorrido unos cuarenta metros cuando una enorme sonrisa inunda su rostro, acaba de localizar la flecha que ha quedado trabada en un arbusto, en un claro signo de felicitación me muestra su pulgar derecho mientras que con la otra mano nos señala el lugar donde yace inerte el impala. Es mi primer trofeo africano, un precioso macho adulto curtido en cien batallas.  

Junto al profesional Bertus Guillaume con mi primer trofeo africano

Enormemente satisfechos regresamos a Berta para cenar y descansar tras una larga jornada. Al llegar nos encontramos con Sergio que no ha tenido suerte, pero ha gozado de varios lances con unos espectaculares Waterbuck, algo me dice que muy pronto su suerte va a cambiar.

          CONTINUA