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África, Un Sueño y Mil Razones para Venir, por Moises Dominguez Boza
Quien no ha soñado alguna vez con cazar en África, contemplar su agreste naturaleza poblada de fauna salvaje, a veces tierra inhóspita, pero siempre lugar de ensueño que nos evoca aventuras sin parangón. África es, una maravilla para los ojos de aquel que la contempla quien sin duda se enamorara de ella llevándola para siempre junto a su corazón. Dicen que quien viene a África no piensa en otra cosa más que en volver. Yo puedo dar fe de ello, he pasado 20 años de mi vida soñando con ella y solo he tardado 393 días en regresar.
Pero sin duda alguna, lo mejor de cazar en África es que aquí si nos toman es serio, es decir que no ven a los arqueros como un bicho raro o un esnob. Por el contrario, la caza con arco esta reconocida y valorada en su justa medida, siendo cada día mayor el número de fincas y operadores de caza que se dedican en exclusiva a esta actividad. Desde hace años los arqueros americanos y en menor medida los franceses llegan a África por centenares, nosotros, los españoles parece que la hemos descubierto hace dos días, pero solo hay que fijarse en las paginas de esta web para ver que esta causando furor y que ya empiezan a faltarnos dedos para contar la cantidad de safaris realizados este año.
Escoger Sudáfrica entre los distintos países destino no es una mera cuestión al azar, su estabilidad política, la buena combinación existente (Iberia realiza vuelos directos desde Madrid por un precio inferior a 800 euros) la fantástica relación calidad-precio de los campamentos, amen de la gran diversidad de especies disponibles, hace de este país un destino ideal para el arquero que quiera iniciarse o para aquel que busque nuevos e interesantes retos. Obviamente, podemos encontrar distintos precios y calidades, pero por regla general se puede realizar un safari de 7 días incluyendo el alojamiento, comidas y transporte en el interior de la finca, así como un paquete de 4 o 5 antílopes trofeo y algún facochero por unos 2.500 a 3.000 euros. Para aquellos que no lo sepan esto es lo que cuesta un venado en España.
Mis mejores sueños no pudieron augurar lo que el futuro nos tenía reservado. Una vez mas nuestro destino era el Limpopo Province en Sudáfrica, al igual que el año pasado nos dirigíamos a Berta el campamento de Old Days Safaris donde nos esperaba Luis Diez del Corral y su encantadora familia. Fue precisamente allí donde meses atrás y junto a mi amigo Sergio Romero pude vivir intensamente mi primera experiencia africana, y aunque el infortunio consiguió que aquella primera experiencia fuese parca en trofeos, el extraordinario carisma de los dos PH que nos acompañaron junto a la gran profesionalidad del personal de Old Days supliría con creces esta circunstancia, consiguiendo que nuestro safari fuese una experiencia emocionante e inolvidable.

Foto izqda: Uno de los puestos elevados colocados sobre un baobab, espectaculares y terriblemente efectivos
Foto dcha: Berta siempre acogedora y espectacular, sus estancias son todo un lujo para los sentidos.
Nuestra confianza en las enormes posibilidades que Sudáfrica ofrece a los arqueros, junto con el personal empeño que Luis Diez del Corral ha puesto adaptar los servicios de su compañía a las peculiaridades de la caza con arco, nos condujeron a repetir la experiencia y a compartir esta nueva aventura con Manolo Gómez, Isaac Nieto y Rafael Ruiz tres arqueros andaluces interesados en acompañarnos, también nos acompañaría Vicente Gutiérrez director de “ReviArco” la única publicación española dedicada a la arquería y la caza con arco. Finalmente, los seis poníamos pie en Johannesburgo el día ocho de junio a las diez de la mañana. Nada más llegar nos encontramos con una ingrata sorpresa, ha cambiado la ley, y desde hace un par de días los arcos deben pasar los mismos trámites burocráticos que los rifles de caza. Afortunadamente apareció Ricardo, un entrañable argentino de risa fácil y amena conversación, encargado de recogernos en el aeropuerto y trasladarnos hasta Berta. Ricardo no tardo en dar muestras de la zalamería argentina, y en tan solo cinco minutos consiguió que abandonásemos el “Custom” sin papeleos y con nuestros arcos en la mano ante la atónita mirada del resto de los presentes.
El quinto elemento
Hoy hemos vuelto a Castaro, con las primeras luces Francis y yo nos colocamos en un puesto próximo a una charca que a primera vista parece muy frecuentada por kudus pues podemos ver numerosas huellas sobre el fango de la orilla. Pasan las horas, durante la mañana han visitado el lugar distintas especies como cebras e impalas, incluso varias hembras de hartebeest pero ni rastro de los kudus, faltan diez minutos para las once cuando aparecen un nutrido grupo de facocheros. Precavidos, entran a beber con mucha cautela, poco a poco van ganando confianza y veinte minutos mas tarde la charca es una autentica fiesta cochinera. A primera vista puedo distinguir seis hembras adultas acompañadas por sus respectivas proles, en total una veintena larga de lechones, también puedo ver varias hembras jóvenes así como dos machos de buen porte pero escaso trofeo. Algo más alejados y medio ocultos por las hojas de mopane se encuentra otro grupo formado por cuatro “elementos” jóvenes que parecen aguardar su turno para entrar a beber.
Durante los días anteriores he tirado ya cuatro facocheros con los que me estoy más que satisfecho, así que me desentiendo del tema y aprovecho el momento para tomar un largo sorbo de agua, dejando que mi profesional controle la situación prismáticos en mano. Estoy colocando el tapón a la cantimplora cuando Francis se quita los prismáticos de la cara y mirándome fijamente me dice:
- Moses, do you want to shoot a faco-. Por señas le digo que no, que ya tengo cuatro.
- Sure? This one is a big, big one-. Francis estira el brazo y me ofrece sus prismáticos.
Echo un rápido vistazo a la charca y veo el mismo grupo de guarros que antes, así que opto por preguntar.
- Where is the pig?
- On the left, rear de babies.
Vuelvo a mirar la charca poniendo atención al mar de cochinetes que se arremolinan en su interior, a la izquierda y oculto detrás de ellos distingo las largas crines de un ejemplar adulto. En ese momento el animal termina de beber y levanta la cabeza… ¡Madre de Dios! Que pedazo de guarro este si que es un buen “elemento” tiene unas defensas espectaculares, no son demasiado largas pero son tan gruesas como mis muñecas. Miro a Francis.
- ¡Whoou!
- Yes, it’s a very nice faco.
Sin perder un segundo tomo el arco y valoro la situación. Tal y como esta situado va a ser imposible tirarle con garantías pues se encuentra cubierto por un mar de “enanos” así que tomo una decisión. Voy a salir del blind, aprovechando que llevo puesto el “guilie” (camuflaje 3-D con forma de hojas) intentare ganar una posición que me permita tirarle cuando abandone la charca con dirección a los mopanes. Con mucho cuidado retiro la cortina que cubre el acceso trasero del blind, sin despegarme del suelo comienzo a reptar hacia la izquierda alejándome del puesto sin echar la vista atrás, después de recorrer unos veinte metros cambio de dirección y me dirijo directamente hacia la charca, metro a metro voy progresando hasta que por fin puedo divisarla con claridad. Los facos aun siguen allí, bebiendo y retozando en el barro sin percatarse de nada, cojo el telémetro y trato de localizar al gran macho, no lo veo parece que se ha marchado pero, un momento, si ahora lo veo, ya no esta en la charca pero no se ha marchado lejos, puedo verlo junto a los mopanes acompañado por otros dos machos jóvenes. Tomo una primera lectura: 56 metros esta demasiado lejos, tendré que reptar un poco más si quiero acortar la distancia que me separa de él. El camino mas corto es rodear la charca, pero esto supone acercarme a las hembras que aun continúan allí.
Con el aire a favor y confiando en que el traje 3-D me proporcione el mimetismo que necesito me arrastro lentamente hacia la charca, poco a poco consigo ganar terreno hasta alcanza un solitario árbol situado a unos quince metros del agua, apoyando las rodillas me incorporo lentamente, tomo el telémetro: 33 metros a macho grande. Ahora o nunca, lentamente coloco un flecha en el arco y ajusto el disparador, en ese momento un bufido cercano me deja helado, con el rabillo del ojo puedo ver a una cochina mirándome fijamente desde la charca. Soy una piedra, soy una piedra me repito una y otra vez, esperando que aquel animal pierda su interés en mi. Tras unos segundos interminables, dos pequeños facos se aproximan a la hembra sobrepasándola, la cochina los ve y se marcha tras de ellos con el rabo tieso como una antena.
Muy despacio tenso el arco y meto al faco grande en el visor, el bicho sigue en el mismo sitio pero dándome los jamones, mantengo el arco en tensión esperando que se mueva y me ofrezca una posibilidad de tiro. Aguanto hasta el límite de mis fuerzas pero el faco sigue sin moverse, por lo que finalmente no tengo otra opción que destensar el arco. En ese preciso momento el animal se gira y comienza a desplazarse en dirección al bosque de mopanes que hay a su izquierda, echando el resto estiro las setenta libras del arco, vuelvo a meterlo en el visor apunto al codillo y le disparo sin esperar a que se detenga. Con un seco gruñido el facochero acusa el impacto e inicia una apresurada carrera desapareciendo entre los árboles. La espantada es general, por todos lados corren facocheros con la cola inhiéstela levantando nubes de polvo.
Oigo voces detrás de mí, me doy la vuelta y puedo vera a Francis lanzando el sobrero al aire y dando gritos de júbilo, mientras patosamente trata de articular algún tipo de danza erótico festiva.
- Very well done Moses, very well done.
- Do you see the shoot?
- Yes, with my binoculars and it was perfect, we find him don’t worry.
Aun con el sombrero en la mano Francis llama por radio a los pisteros, mientras esperamos su llegada me dedico a repasar el lance, localizo la arrancada del animal y la dirección que ha tomado, unos quince metros mas allá encuentro la flecha clavada en el ronco de un mopane, esta completamente manchada de sangre señal inequívoca de que ha atravesado por completo el cuerpo del animal. Diez minutos más tarde llegan los pisteros con el coche, se trata de Abrahams en compañía de Wendé y otro al que no conozco. Rápidamente se ponen a trabajar, no llevamos recorridos ni veinte metros cuando Abrahams me hace señas para que me agache, lo hago pensando que quiere mostrarme alguna mancha de sangre, pero no es así, con una sonrisa en los labios alarga el brazo señalando una dirección, a unos quince metros en un pequeño claro tendido sobre el suelo de la sabana yace muerto el facócero. La tensión acumulada es mucha y no puedo reprimir la carrera hasta llegar al él, es un ejemplar magnifico de gruesos colmillos el sueño de cualquier cazador, mi sueño, un sueño finalmente cumplido.

Moisés con su 5º facochero, el mayor de los 13 que se abatieron durante el safari.
De regreso al lodge hacemos una pequeña parada en la “butchery”, allí Abraham y uno de sus compañeros colocan el animal bajo la bascula y lo enganchan por los corvejones, poco a poco la gruesa cadena asciende arrastrando tras de si el cuerpo del facochero hasta que este alcanza la altura necesaria, en ese momento Wendé suelta el freno de la bascula, la vieja “romana” gime de dolor ante el peso del animal y se escucha un sonoro “clock”. Abrahams mira el limbo de la bascula y me dice:
- One hundred
- Only one hundred?
Abrahams vuelve a mirar el limbo de la bascula y encogiéndose de hombros contesta:
-¡One hundred!
Escamado, me aproximo a la chirriante báscula, veo claramente que la pequeña aguja señala el final del limbo empujando como si quisiera salirse de él, entonces fijo la mirada en el margen derecho del brazo de la romana, donde en perfecto castellano puedo leer una inscripción que dice “peso máximo 100 kilos”. Estaba claro ¿cuánto pesaba mi faco? pues 100 kilos.
Estas y otras interesantes historias podréis encontrarlas en un articulo doble que se publicara el próximo mes de noviembre en la revista HUNTERS.
Otros animales abatidos en este safari...

Foto izqda: Moisés con su kudu
Foto dcha: Moisés en compañía de Luis Diez del Corral con un bushbuck (el duende de la sabana)

Foto dcha: Manolo Gómez con un precioso impala
Foto izqda: : Isaac Nieto con su blesbok

Sergio Romero junto a su espectacular waterbuck
Los protagonistas del viaje con el resultado total...
Fotografías de: Vicente Gutiérrez, Sergio Romero, Rafael Ruiz, Manolo Gómez, Isaac Nieto y autor.