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BUSCANDO LA EFICACIA:  

Las situaciones de campo son innumerables. El momento de la suelta nos puede sorprender en cualquier postura, pero lo que si tenemos que tener claro es, que buscando la eficacia, hemos de ser capaces de juzgar si merece la pena soltar la flecha o esperar a mejor ocasión.

Espero que las siguientes consideraciones os ayuden a formar un criterio a la hora de relajar los dedos o accionar el gatillo del disparador con la finalidad de conocer las consecuencias de la decisión adoptada.

Independientemente de la certeza en el disparo, siempre buscamos un encuadre lateral, con el animal distraído y relajado. Valoramos la distancia de acuerdo a nuestras posibilidades y aún así hemos de contar con el factor suerte. Si todo es correcto, flecha al corazón y punto final. Este punto final se deriva en un cobro inmediato.

Aún con el animal en la mejor de las posturas nuestro disparo puede resultar desviado de lo que en principio fijamos como lugar ideal y vemos impactar la flecha en diferente zona. Las posibilidades son muchas, tantas como las combinaciones que podríamos hacer sopesando factores como plano de vuelo de la flecha (hacia arriba, hacia abajo o en rasante horizontal), tiro que se hace sobre animal dando el costado, oblicuo, de frente o al revés, y disparos que dentro de los parámetros contemplados anteriormente se quedan delanteros, retrasados, altos o bajos ..... Como vemos las posibilidades son casi infinitas, pero si tenemos una idea adecuada de la situación de los órganos internos del animal sobre el que disparamos, valorando tan sólo unos pocos parámetros, podremos evaluar con un margen de error mínimo si la pieza impactada va a ser cobrable o no y, en su caso, el tiempo aproximado o la dificultad del pisteo.

Estos parámetros son los siguientes:

·       El lugar de impacto sobre la superficie corporal.

·       La trayectoria teórica de la flecha atravesando la pieza.

·      La penetración del vástago en el animal.

·       Signos externos.

Para explicar esto voy a suponer un par de ejemplos prácticos:

·       EJEMPLO A: Arquero a pie de tierra. Venado a rececho, caminando al paso sale de detrás de una encina hacia nuestra derecha, alejándose. Distancia 22 mts Flecha que impacta en zona escapular al intentar compensar el movimiento de caminar del animal con un disparo adelantado. Se observa al menos la mitad del ástil asomando en la zona de impacto. Si estudiamos la trayectoria del disparo podemos ver lo siguiente: trayectoria oblicua de atrás hacia delante en el sentido de la marcha, suponemos que el intento de adelantar el tiro ha motivado el errar con un tiro delantero. Además el tiro está algo alto. El hecho de ver asomar el ástil de la flecha nos pone en evidencia la disminución de efectividad en la penetración provocada por un impacto en zona ósea, probablemente la escápula, y aunque la trayectoria de la flecha podría coincidir con un impacto en zona superior y anterior de los pulmones o grandes vasos que van hacia el cuello, la falta de penetración nos denota la inefectividad del disparo. Signos externos: animal alejándose a la carrera con cojera evidente de extremidad anterior derecha y dando poca o ninguna sangre. Posibilidad de cobro: ninguna.

·       EJEMPLO B: Arquero en posición elevada. Tree-Stand. Espera sobre querencia en una trocha frecuentada por animales de paso. Venado que se aproxima de frente y en posición ligeramente oblicua de delante hacia atrás. Distancia 28 mts. Flecha que impacta em zona escapular. La flecha desaparece en la zona de impacto. Si observamos la trayectoria del disparo y viendo que la penetración ha sido absoluta, tenemos las siguientes posibilidades: puede haber tocado el hueso pero lo ha roto y ha penetrado la flecha en la caja torácica. Si así ha sido, y por la longuitud de la flecha, siempre pensando que no haya sido exageradamente desviada por el impacto en la escápula, habrá traspasado, en el peor de los casos un hemitórax y en el mejor de ellos, además de haber perforado el pulmón habrá seccionado grandes vasos o impactado, total o parcialmente, en el corazón. Signos externos: vemos sangre en la vegetación, en el lado contrario al del impacto, cada vez más abundante. La posibilidad de un cobro inmediato es muy alta.

Si consideramos que en los dos casos el punto de impacto ha sido, prácticamente, el mismo, vemos como otras variables nos llevan a resultados completamente diferentes. Esas variables es necesario conocerlas para poder establecer un pronóstico en cuanto al cobro de las piezas y no darse por vencidos cuando no veamos rastros de sangre, si realmente conocemos la trayectoria y la penetración y estas han sido adecuadas es muy posible que, teniendo las ideas claras sobre el alcance de las lesiones producidas por la flecha nos facilite algún cobro que ya dábamos por perdido.

Todas estas consideraciones nos llevan a evaluar de forma exhaustiva los fenómenos que el impacto de la flecha ocasiona sobre los diferentes órganos y estructuras alcanzadas.  

Resultado del impacto en área pulmonar: Para que la flecha llegue a lesionar el área pulmonar debe, en primer lugar, atravesar la pared costal; compuesta de piel, tejido subcutáneo (que en el caso del jabalí es especialmente importante), capas musculares y costillas. Una vez atravesada la pared, la flecha lesiona el órgano en sí. El resultado de un impacto sobre el tejido pulmonar se refleja en el inmediato desarrollo de un ‘’pneumotórax’’, ya sea este uni o bilateral según hemos detallado con anterioridad. La forma de llegar el aire a la cavidad torácica es doble. Por un lado la herida incisa provocada por las cuchillas pone en contacto la presión atmosférica exterior con la, hasta entonces, presión negativa interior igualándolas y por otro lado, la rotura del parénquima pulmonar (tejido propio del órgano) y de las vías aéreas (tráquea, bronquios y bronquiolos), hace que se libere desde estas vías y/o desde los alveólos dañados, el aire inspirado por las vías respiratorias superiores hacia esa zona de presiones negativas, efectuando el resto del trabajo y colapsando en pulmón. Como resultado la funcionalidad del pulmón se ve disminuida hasta que el organismo es incompetente para compensar dicho fracaso. Otra causa que acelera el proceso es el encharcamiento de los alveólos con sangre procedente de la laceración del propio tejido pulmonar o procedente de otras estructuras afectadas en el impacto, como son los grandes vasos del mediastino o sangre procedente, incluso,  de un impacto que ha alcanzado también el corazón. La falta de oxígeno procedente de dicho fracaso hace que se resientan el resto de las funciones orgánicas desarrollando un efecto en cadena. El corazón intenta bombear más deprisa para intentar abastecer de sangre oxigenada al resto de los tejidos orgánicos que lo demandan y para ello fuerza su ritmo. Se establecen los mecanismos generales de adaptación al stress y en situaciones de shock que analizaremos al final del escrito.

Resultado del impacto sobre corazón y grandes vasos: En cualquiera de estos casos podemos casi contemplar con seguridad el supuesto anterior. Para que la flecha llegue al corazón es casi imposible que lo haga sin haber dañado antes el tejido pulmonar, ya que el corazón se encuentra al abrigo de ambos pulmones. El daño en el corazón, en si mismo, es incompatible con la vida como ya hemos dicho. Un corte de punta de caza en el corazón va a provocar la lesión de las cámaras cardíacas provocando la rápida extravasación de la sangre hacia el tórax. La consecuencia, al igual que un impacto en grandes vasos, es la caída repentina de la tensión arterial. Esto es detectado inmediatamente por los presoreceptores de las arterias carótidas desarrollándose de inmediato todos los mecanismos compensadores. Un corazón alcanzado por una flecha puede seguir latiendo, según el lugar de impacto, en virtud de su autoestimulación para provocar la contractilidad del miocardio. Esta situación paradójica que no es tal sino la necesidad de satisfacer la demanda orgánica de oxígeno tisular al cerebro y demás tejidos, hace que la muerte en ese caso se precipite por el rápido vaciado de los vasos hasta que el corazón llega, prácticamente, a trabajar en vacío.

CONTINUA