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ASPECTOS FISIOPATOLOGICOS DE LOS IMPACTOS PRODUCIDOS POR LA FLECHA

 

‘’Exitus letalis’’, es la denominación latina de la extinción de la vida en un ser que hasta este preciso momento gozaba de otro estatus bien diferente.

Cuando salimos a caza, nuestro objetivo principal es el de llegar a abatir un animal. Por nuestra condición de arqueros sabemos que la mayoría de la veces y especialmente en la caza con arco en la Península Ibérica y  en lo referente a espacios abiertos, nuestro objetivo no es fácil de cumplir y se suele quedar en un día más de disfrute de la naturaleza. En aquellos otros días, los menos, nuestro objetivo se cumple y la pieza pretendida acaba su vida como consecuencia de un impacto de flecha que desencadena toda una serie de fenómenos que culminan en el éxito, para nosotros, y en el ‘’exitus letalis’’ para ella.

En nuestra memoria guardamos momentos del lance, la aproximación o el acercamiento de la pieza, la distancia y la postura del animal en el momento de la suelta, la búsqueda del lugar adecuado para el impacto, el vuelo de la flecha y el que sucedió después. Tenemos el deber ético de ser exactos y precisos en nuestra labor, hasta el punto de lo escrupuloso, y para ello necesitamos poseer unos conocimientos ‘’técnicos’’.

Existe diversa bibliografía en lo referente al lugar del impacto más adecuado para conseguir el óbito de la pieza de la forma más eficaz posible. Ayudados en esquemas y siluetas diversas, los autores nos ponen al corriente de sus experiencias y las de otros arqueros para que centremos nuestra atención sobre puntos concretos en la superficie del animal en los que intentar colocar el proyectil con el objetivo de conseguir una muerte rápida y lo menos dolorosa posible. El objetivo fundamental, y compartido por todos, es el evitar el animal herido y el muerto incobrable a toda costa.  No voy a entrar a valorar dichos esquemas, que por otro lado me parecen lo suficientemente adecuados para comprender de un primer vistazo cuales son las áreas de la superficie corporal sobre las que debemos centrar nuestra puntería. En esta ocasión vamos a ir un poco más allá e intentar comprender porqué esos puntos son tan importantes, que conseguiremos impactando en ellos y cuáles son los mecanismos fisiopatológicos que se desencadenan en el organismo animal, después del lance, aproximándonos a la evolución de las consecuencias finales.

ALCANZAR EL TÓRAX   (Recuerdo anatómico y fisiológico de estructuras torácicas)

Ciervos, gamos, jabalíes, ..... esquemáticos dibujos con una diana sobreimpresionada en su costillar, de lado, oblicuos, de frente, hacia arriba, hacia abajo, ....., todos con un objetivo común: la caja torácica.

No es casualidad que los órganos vitales de los mamíferos superiores se encuentren protegidos por estructuras óseas que impidan su exposicion inmediata a posibles agentes agresores. El sistema nervioso que gobierna nuestros movimientos y que nos mantiene en contacto con los estímulos externos se encuentra prácticamente blindado entre los huesos del cráneo y en el canal medular de la columna vertebral. No podría esperarse que fuera muy diferente el caso de órganos de la importancia del corazón o los pulmones. Protegidos por las costillas, son virtualmente inalcanzables para las agresiones cotidianas. La evolución de las especies lo ha querido así, pensando en las luchas entre individuos de la misma especie y en los conflictos entre predadores y víctimas naturales, nunca pensando en que, en el ciclo evolutivo, se situaría una especie capaz de utilizar para la predación poderosas armas capaces de hacer saltar los cerrojos de esta bien construída fortaleza que es la caja torácica, vulnerando fácilmente los órganos en ella contenidos.

En el tórax se centra toda nuestra atención en el momento del disparo. Sabemos que un buen tiro ‘’al codillo’’ terminará con un óbito rápido de la pieza y esto es así por muchas razones. Vamos a empezar a valorarlas comenzando por hacer un breve recuerdo anatómico.

Tanto en los rumiantes salvajes (ciervo, gamo, corzo, etc...) de la Península Ibérica, como en los suidos (jabalí), la disposición de las vísceras que se encierran en dicha caja torácica es muy similar. Las vísceras principales, y por todos conocidas, son los pulmones y el corazón, si bien no son las únicas. Vamos a situarlas dentro de la caja torácica y más adelante nos encargaremos de describir el resto de componentes viscerales del tórax.

Los pulmones: Son dos, como es sabido, y cada unos de ellos divididos en lóbulos lo cual para nuestras consideraciones no tiene mayor importancia. Su estructura es de órgano esponjoso. Se encargan de la captación de aire haciendo que el oxígeno sea capaz de llegar a las células sanguíneas en virtud de los intercambios gaseosos que tienen lugar en los capilares más finos, situados en los alveólos pulmonares, que permiten al oxígeno asociarse a la hemoglobina. Tampoco voy a entrar en profundidades en este asunto porque lo que nos interesa es lo que ya se ha mencionado, órganos encargados de aportar el O2 al organismo. Su fracaso obviamente desencadena toda una serie de alteraciones orgánicas que posteriormente describiremos.

En este punto de la exposición es importante conocer varios conceptos respecto a la estructura y funcionalidad de los pulmones. Los conceptos de ‘’presión negativa’’, ‘’hemitórax’’, ‘’pneumotórax’’, son fundamentales a la hora de valorar los efectos lesivos que va a provocar la flecha en su paso a través de estas estructuras, y en función de ello y de su afectación, podremos establecer un pronóstico en cuanto al tiempo posible del óbito y la cobrabilidad de la pieza con un impacto en el área pulmonar.

Breve y esquemáticamente paso a describir estos conceptos esperando que sean fácilmente comprensibles.

Presión negativa: Hablamos de ella como la presión existente en la caja torácica, entre las pleuras parietal y      visceral, y que rodea a ambos pulmones permitiendo su expansión en el momento de la inspiración, al coger aire. A esta presión negativa se debe, en parte, que el llenado de los pulmones sea una acción automática (normalmente no hacemos esfuerzo al inspirar). El efecto de esta presión negativa sobre el parénquima pulmonar es similar, y para que nos entendamos, al efecto que conseguimos al apretar una esponja seca en nuestra mano y luego sumergirla en agua. Al abrir la mano, ésta se empaparía inmediatamente. Creo que el ejemplo puede ser válido. Efectúa por lo tanto un efecto de absorción.

Hemitórax: Aunque tenemos la noción del tórax como una caja única y siendo esto cierto. La pleura, capa finísima que recubre externamente los pulmones y la pared interna de la caja torácica, efectúa unos pliegues aislando los pulmones el uno del otro y cada unos de ellos, a su vez, de la pared costal. Se establecen así como dos bolsas independientes, una para cada pulmón. Esto es una forma de expresión para que nos entendamos ya que esto no es del todo correcto, pero de esta manera pienso que resulta más didáctico. A cada una de estas bolsas (bolsas, como ya he dicho entre comillas), le llamamos hemitórax, (que recordaremos más fácilmente pensando en ellos como cada una de las dos mitades del tórax si a este lo partiéramos longuitudinalmente), y cada uno de los hemitórax posee una presión negativa, de la que ya hablamos antes, propia e independiente de la otra.

Pneumotórax: Del griego ‘’pneumos’’: aire. Se definiría como la entrada de aire en el tórax. Y digo bien, en el tórax que no en los pulmones, que es en el lugar donde entra normalmente. Es especialmente importante este concepto porque la entrada de aire en cualquiera de los dos hemitórax  hace que se iguale la presión negativa del tórax con la presión atmosférica, anulando la capacidad del pulmón para expandirse en su totalidad y convirtiendo su expansión para la inspiración en un esfuerzo necesariamente voluntario y a la vez inefectivo. Los pulmones se colapsan y no son capaces de llenarse de aire más que parcial y minímamente. Es fácil comprender que los efectos de la flecha serán muy diferentes según alcancen uno o los dos hemitórax. Estas consideraciones las analizaremos más adelante una vez terminemos con este recuerdo anatómico.

CONTINUA