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CAZA DE PECARÍES DE COLLAR CON ARCO Y FLECHA

Este relato comienza hace un par de años cuando Juan, un apasionado por la caza oriundo de la provincia de Jujuy, me invita a cazar pecaríes en el Norte de nuestro país. Dada la lejanía desde Buenos Aires el “safari” demandaba varios días por lo que decidí emprenderlo en compañía de mi entrañable amigo Sergio Saavedra. Luego de un día completo de viaje y muchos termos de mate llegamos al lugar de caza.

Allí nos recibió Juan con sus hijos Oscar y Pedro (todos cazadores ) y Don Isidro quién seria nuestro guía de caza. La zona es de cerros  no muy altos pero tapizados de densa vegetación, con árboles de tamaño enorme, enredaderas y espinas por doquier. La modalidad de caza con arco no difiere mucho de la que realizan los lugareños con armas de fuego; debido al denso follaje se hace menester contar con perros que empacan al animal y una vez acorralado hay que pechear el monte muy rápido para evitar que en las peleas los perros salgan mal heridos o incluso muertos por las dentelladas de estos aguerridos “rocillos” como le dicen por esos lugares. 

Antes de seguir con el relato deseo contarles que Isidro es un hombre de unos 60 años que aparenta un poco más, por los rigores de la vida que lo han curtido mucho. Vive con su familia en los cerros, subsistiendo exclusivamente de su trabajo de hachero y de la caza. Para este menester utiliza sus perros (mestizos) y una vieja escopeta sin marcas pero sin dudas mortífera.

              Primer día de caza “la suerte del principiante”:

  El día comenzó para mi bien temprano, digamos que a las 5 de la mañana ya estaba listo para salir al monte, pero no contaba con la tranquilidad y experiencia de Don Isidro, que recién para las 9 decidió que podíamos salir. Demás esta decir que la ansiedad me hacía caminar por las paredes.

El panorama no era alentador, llovía un poco y desde hacia varios días no se veían animales por la zona. Comenzamos a subir por un cerro y uno cree ingenuamente que con los perros la caza va ser un trámite corto. Luego de 8 horas de marcha por senderos,  miles de garrapatas y polvorines, algún trago de agua y unas hojas de coca en la boca para mitigar el hambre; los perros ¡por fin pillaron un rastro!

Comienzan las corridas atropellando monte, gritos, ladridos, olor a almizcle en el aire, ramas que se quiebran y el corazón que se acelera a medida que nos acercamos a la acción. Llegar al lugar donde los perros empacaron al pecarí nos tomo 10 minutos o más, las espinas y enredaderas hacían imposible el avance. Cuando llegamos, el pecarí estaba debajo de un tronco caído que formaba junto a unas rocas una especie de cueva que le daba una buena posición para la defensa ya que cubría su retaguardia y los perros que no podían rodearlo no paraban de ladrar.

  Me acomode como pude entre las ramas y desde unos 5metros tense el arco y solté la flecha, el impacto fue en los pulmones, la flecha lo atravesó limpiamente y cayó fulminado. Los perros acostumbrados a oír el disparo parecían no entender nada ¿Qué había matado al Pecarí?

batida la presa, Don Isidro izo algo que me sorprendió, invoco una plegaria a la Pachamama y enterró unas hojas de coca como señal de agradecimiento por la caza. Un gesto digno de imitar.

En total abatimos dos pecaríes con arco y flecha, utilizando en esa ocasión un arco Nacional marca PUMA desarmable de 55 libras de potencia, flechas Easton Camohunter 2219 y puntas Bear super razorhead de 137 grains.

Nota: Salimos de caza un par de días más pero sin éxito, la carne de pecarí me pareció exquisita y los momentos vividos fueron sin dudas para el recuerdo.