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El pasado día 20 de mayo acudimos a una cita concertada desde hace tiempo en Alborache (Valencia). El objetivo: participar en un cursillo sobre la Capra hispánica y su caza con arco.

El verdadero objetivo: compartir el tiempo y el espacio con el maestro de ceremonias Ezequiel Clemente.

La cita era el viernes a las 7 de la tarde y después de un largo pero ameno viaje caímos por allí Aitor Martínez y yo mismo con un pequeño retraso.  Para nuestra sorpresa el alojamiento dispuesto así como las aulas estaban en un albergue ecologista “militante”.  Algo que a priori parece una temeridad, resultó ser el éxito de un viejo anhelo, que es demostrar que la caza y la conservación deben ir unidas y que los sectores más progresistas de ambos colectivos comienzan a entenderse y a compartir algunos objetivos.  En todo caso quedó patente como siempre que Ezequiel es un magnífico representante de nuestro gremio y que transmite con su actitud algo que es difícil de hacer empleando ríos de tinta y montes de papel.

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El programa consistía en dos horas lectivas antes de la cena y un madrugón de los gordos para estar el sábado de sol a sol en el monte, y el domingo, un almuerzo de hermandad, una reunión para aclarar experiencias y exponer opiniones y una comida de despedida.

Después de los saludos y bromas de recibimiento nos acomodamos en una amplia y luminosa sala de reuniones donde se nos entregó una documentación consistente en un MANUAL ECOLÓGICO DEL CAZADOR (Eduardo Coca Vita 2002), un estudio sobre CONTROL DE LA SARNA SARCÓPTICA (Dirección General de Gestión del Medio Natural 10/03/04) y un CUADERNO DE CAZA DE LA CABRA MONTÉS (Ezequiel Clemente 2002/Rural 1985 ). Y fue sobre el contenido de este último documento sobre lo que versó aquella primera charla.  Paso a paso fuimos desgranando sus diversos capítulos, en mi opinión muy bien estructurados y con suficiente pero no excesiva información.  Desde su distribución y biología pasando por la valoración y precio de su trofeo, su caza, hasta un apartado gastronómico de su aprovechamiento.  Quedó demostrada la gran experiencia de Ezequiel en los lances serranos con estos míticos ungulados así como la simpatía y humildad con que acostumbra a realizar sus exposiciones.  La verdad es que se hizo corto a pesar de lo concentrado de la información.

El domingo a las 5 de la madrugada y con cara somnolienta preparábamos la ración de supervivencia para pasar todo el día en el monte.  Amanecía en la sierra cuando el grupo trepaba monte arriba en esta tierra agreste que siempre me sorprende.

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Después de los saludos y bromas de recibimiento nos acomodamos en una amplia y luminosa sala de reuniones donde se nos entregó una documentación consistente en un MANUAL ECOLÓGICO DEL CAZADOR (Eduardo Coca Vita 2002), un estudio sobre CONTROL DE LA SARNA SARCÓPTICA (Dirección General de Gestión del Medio Natural 10/03/04) y un CUADERNO DE CAZA DE LA CABRA MONTÉS (Ezequiel Clemente 2002/Rural 1985 ). Y fue sobre el contenido de este último documento sobre lo que versó aquella primera charla.  Paso a paso fuimos desgranando sus diversos capítulos, en mi opinión muy bien estructurados y con suficiente pero no excesiva información.  Desde su distribución y biología pasando por la valoración y precio de su trofeo, su caza, hasta un apartado gastronómico de su aprovechamiento.  Quedó demostrada la gran experiencia de Ezequiel en los lances serranos con estos míticos ungulados así como la simpatía y humildad con que acostumbra a realizar sus exposiciones.  La verdad es que se hizo corto a pesar de lo concentrado de la información.

El domingo a las 5 de la madrugada y con cara somnolienta preparábamos la ración de supervivencia para pasar todo el día en el monte.  Amanecía en la sierra cuando el grupo trepaba monte arriba en esta tierra agreste que siempre me sorprende.

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Sin mencionar la toponimia de los enclaves que atravesamos para evitar la visita de los aprovechados, cruzamos "lomas", descansamos en "pocicos" y cuando el sol asomaba entre la bruma del mar  habíamos superado un buen desnivel y realizamos el primer y fugaz avistamiento de una cabra montés en una ladera por encima de nosotros y que era la última antes de la cuerda.  Otro buen tirón y hasta arriba.  El sol todavía no calentaba pero ya comenzaba a notarse la dificultad física y la dureza de la caza de este animal y la imperiosa necesidad de estar en buena forma para poder disfrutarla sin excesivo sacrificio.  Un rato después Ezequiel buscaba una fuente que mana de una cueva escondida debajo de una visera de piedra en un escarpado escalón próximo a la cima, cuando al dar con ella sorprendió a escasos tres metros a un macho de unos cinco años que emprendió una alocada huida entre los integrantes del grupo, casi con peligro para algunos de recibir un topetazo, para cachondeo de todos.

La excursión era sin armas de ninguna clase y aunque pretendíamos mentalizarnos, no se actúa de la misma forma que cuando se caza y el grupo resultaba ligeramente ruidoso, circunstancia que probablemente impidió algunos avistamientos más.

Casi tres horas después de desplazamiento por las cuerdas de la sierra, pude fotografiar a bastante distancia varias hembras con sus pequeños chivos, suspendidas en las paredes más inverosímiles, multiplicando por diez la belleza del paisaje con sus siluetas sobre los riscos.  También fuimos sorprendidos por la hembra guía de una manada que transpuso hasta donde habíamos recalado para comer y tras un concierto de silbidos muy instructivo volvió por sus pasos y desapareció.

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Durante un rato el grupo se fragmentó y Ezequiel sorprendió debajo de un risco y a unos diez metros a un macho y a una hembra afectados de sarna sarcóptica, terrible azote para esta especie y cuyo control todavía no se ha conseguido.

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El cansancio fue haciendo mella en los componentes del grupo y atardecía cuando una hilera partida de extenuados alumnos iban llegando a donde habíamos dejado los coches unas quince horas antes.

Las piernas llenas de pinchos, el tobillo torcido, las reservas de glucosa por el suelo, pero el alma crecida y unas imágenes fantásticas para siempre en la memoria.

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Una reparadora ducha en el albergue y a cenar. De menú cabra montesa, y ¡que buena! guisada y bastante especiada, recordaba los olores que durante todo el día habíamos estado disfrutando. La gente agotada, unos más que otros, cachondeo el justito, sobremesa corta y a dormir.

Por la mañana y después de un desayuno / almuerzo, dos horas para remachar conceptos que dos días antes solo estaban sobre el papel y ahora, tras una jornada tan agotadora como instructiva, cobraban sentido real. Tras casi tres días de convivencia y de monte, cuando desaparecen las diferencias entre abogados y repartidores, surge la confianza entre cazadores y disfrutamos compartiendo dudas y experiencias.

Comida de despedida y cada mochuelo a su olivo.

CONCLUSIONES

No me atrevería a calificar un evento de este tipo, cuando siempre me resulta conmovedor que haya gente que comparte mi pasión por la caza y por el monte pero no se conforma con eso y además realiza el esfuerzo de organizar un curso como este a base de sacrificar su tiempo y muchas veces su dinero. Siempre me resultan entretenidos y útiles y me parece que acudir y colaborar en lo que se pueda es lo mínimo que debo hacer.

Aún así puedo distinguir entre algunos cursos en los que la cantidad de práctica y teoría están desproporcionados y otros como este en el que la práctica sobre una base teórica resulta estimulante para sacar conclusiones propias sobre la especie y su accesibilidad.

También distingo entre algunos con un carácter excesivamente serio ó académico y un poco masificado en cuanto a número de asistentes y uno como este para un grupo reducido (10) con un esquema elástico y adaptable sobre la marcha e impartido con distensión y buen humor.

También tengo que distinguir entre algunos organizados para ganar algo de dinero, a menudo impartidos por cazadores con experiencia demostrada solo sobre papel y otros como este donde con librar los gastos es suficiente y el saber de la organización se demuestra en la sierra donde sobran las barrigas y los disfraces.

Solo me queda felicitar a nuestro amigo Ezequiel, que nunca deja de agradarnos y del que tanto se puede aprender - y no sólo en la caza - y animarle a que siga realizando este curso donde seguro que conseguirá formar cazadores responsables, con el beneficio que tiene para todos nosotros el ser más cultos y más expertos y poder desarrollar y defender nuestra afición de forma que se nos comprenda y respete.

profe

Envío un cariñoso saludo a todos los compañeros de curso, y uno especial para Ezequiel con el que espero poder zurrarnos la badana tras los facocheros el verano que viene en Africa con nuestros arcos y flechas.

P.D.: Una mención especial para Ezequiel junior que a pesar de su juventud demostró tener más forma física y mejor humor que muchos hombres, además de resultar un eficaz secretario para su padre. En estos tiempos en que los hijos no siguen a sus padres cualquiera nos sentiríamos orgullosos de una joven promesa como el.

Mario Bregaña Etxeberria

Gasteiz - 26 de Junio de 2005