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A Luís le tocó un treestand, pegado a un arroyo. El monte descendía suavemente a su derecha y la vista era impresionante. Solo por estar allí en la calma del monte valía la pena ese viaje.

 

                                     

 

Carlos se situó en otro treestand. Pegado al monte y a una charca. Algo idílico, para pasar una tarde entera tumbado, fusionándose con el monte, viendo pasar las nubes y escuchando los pájaros.

                           

Las fotos de todos los puestos como es lógico las hicimos al día siguiente. Es cuando con calma nos dimos cuenta de la cantidad de rastros en las bañas.

                                

A la 1 a.m. quedamos que se nos recogería y se nos entregó una radio a cada uno. Aunque en todos los puestos había cobertura con el móvil, siempre es bueno por si a caso tener una radio para comunicarte. He de decir que para el caso de treestands Carlos tiene preparados los arneses de sujeción por lo que nadie si no quiere, se ve obligado a traerlos.

Las horas fueron pasando y la tarde fue avanzando lentamente. Es precioso ver como se recoge el campo y mientras unos vuelan a ramas para dormitar otros inician sus deambulares. Hasta las 22h no se hizo de noche y la luna que desde hacia horas había salido, iluminó la noche. Que bonito son esos momentos para los enfermos de luna. El tiempo va pasando y tus pensamientos se van sucediendo. Y por muy absortos que estés al mínimo ruido todo tu cuerpo se tensa. Estás solo, completamente solo y es cuando realmente te sientes bien, esperando simplemente en el silencio que la naturaleza te regale con  la visita de algún cochino. Luego el viento, algún movimiento en falso, un ruido inesperado y todo se puede ir al traste, pero darías lo que fuese para al menos oír los pasos de un macareno, su gruñir o su huida con sermón. Si encima todo sale bien y se te pone a tiro ya no digamos el gozo que puedes sentir….y si llegas  a abrir el arco y tirar, que os voy a contar…
 
Bueno en fin, todos tuvimos nuestra aventura y a la 1.30am me recogieron, en absoluto silencio y sin apenas pisar la zona. Allí, en el coche y de regreso ya empezamos a contarnos todo lo sucedido en la espera.

Carlos, en su treestand oyó en varias ocasiones los gorrinos acercarse, pero el revolotear del viento como siempre caprichoso lo delató a las piaras de su derecha. Aunque era un día de bastante calma en algunos momentos soplaron rachas de 11km/m, viento leve, pero viento traicionero. No pasó con las de la izquierda que le entraron, y tras esperar un buen rato y dejarles cumplir tiró a un marrano de mediano tamaño.

Emilio había tenido a tiro a una piarilla de 3 gorrinos de tamaño pequeño, por lo que decidió no tirar. No fue así con los zorros que le entraron en 2 ocasiones de noche, y los falló. ¿Será que es más difícil el zorro de lo que creemos? Yo llevo tirados 6 en estos años y solo cobré uno…incluso fallé uno a 1m!!!

Luís desde su treestand dejó cumplir a una piarilla que le entró y tras 15 minutos de espera y ver que no entraba nada más decidió hacerse con un rayón. Oyó como todos huían y luego el silencio.

SIGUE