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CUANDO LA CALIDAD ES GARANTÍA
Hablar de Carlos Cayuela es hablar de pasión por la caza con arco, del buen hacer del que ama la naturaleza y la respeta, del que de forma altruista busca y colabora en preparar lugares donde se pueda practicar nuestra afición. Con estas virtudes es difícil que salgan mal los proyectos que lleva a cabo.
Cuando hace ya meses me comentó que estaba montando puestos en una finca de Cáceres para las esperas a los guarros, me puse bastante nervioso. Ese mismo fin de semana ya me escapaba para allí. Pero Carlos tan precavido como siempre me frenó. Hasta que no estuviese todo perfectamente montado y con los guarros entrando todos los días él no daría el pistoletazo de salida. Yo sabía que el éxito estaba garantizado.
El pasado viernes mis amigos Alberto, Luís y Emilio, con un servidor, salimos a media tarde para la finca. Las 2 horas y media de trayecto desde Madrid se pasaron en segundos, entre risas, contar experiencias y consejos. A las 18h llegábamos en el lugar de encuentro donde nos esperaba Carlos, Goyo y su sobrino. Goyo es la persona que se encarga de la gestión de la caza en dicha finca y quien día tras día ceba los puestos con maíz. Me encantó conocerle y escuchar sus consejos. A veces cuando menos te lo esperas encuentra gente que sabe de campo, de animales, pisteos ,etc. para escribir enciclopedias enteras. Si a eso le suma humildad y ganas de escuchar, ese es Goyo. ¿Como no podía funcionar bien un equipo como Carlos y Goyo? Su sobrino, jovenzuelo apasionado de los perros demostró ser una máquina en los rastros y encontrar flechas. Lástima no me lo pueda llevar a todos los sitios y que no son pocas las flechas que he perdido en estas lindes de la caza.
Mientras nos poníamos la ropa de camuflaje, se nos fue explicando como eran los puestos: 4 de suelo en casas en ruinas y dos treestands. También se nos explicó qué entraba en cada sitio. Las distancias de tiro rondaban desde los 7m a los 20 m para los puntos más alejados. Con la luna creciente que teníamos la distancia era óptima. Luego vino el sorteo y de allí tras montar en el 4x4 por orden de colocación partimos de inmediato.
A Alberto le tocó una puesto de suelo. Tras bajar e ir directo a la caseta sin pisar por la zona de cebado, se preparó tras una ventana semidestruida. Mientras Goyo echó un cubo de maíz bien esparcido a 15m de la ventana. Suerte fueron nuestras palabras mientras nos despedíamos.

El siguiente fue mi puesto, en una casa de pastor circular con su puerta y pequeña ventana. Y como no sin techo, para poder disfrutar de las estrellas y la luna. Coloqué el asiento de tres patas que me había traído y me senté usando el muro como parapeto. Solo inclinándome un poco hacia delante o hacia atrás veía perfectamente a través de la ventana o la puerta. Medí con el rangefinder la distancia al maíz: de 7 a 20m. Luego até varias ramas al arco para camuflarme mejor y me puse a esperar.

Emilio fue el siguiente. Su casa estaba en lo alto de la cima que tenía justo en frente mío. Se colocó tras una ventana y se preparó para lo que le pudiera venir. Tenía un enorme claro frente a él, con el monte cerrado a la derecha. A 15m le esparcieron el cubo de maíz.
