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Habíamos tenido conocimiento de que en un huerto cercano a mi casa ( 5 minutos andando), los jabalís estaban rompiendo árboles frutales. Puestos en contacto con la propiedad, ésta resultó ser una venerable anciana que adoraba sus tierras, las cuales cuida un empleado y esta sembrado de frutales (manzanos, cerezos y perales de variedades raras) traídos por ella misma o regalados por amistades de países lejanos, con un lógico valor sentimental y económico .
Para la buena mujer estos bichos eran la representación de satanás encarnado y si hubiera tenido oportunidad a buen seguro las hubiera emprendido a escobazos con ellos.
Tras los trámites de rigor, visita de los forestales, concesión de la autorización de espera nocturna con arco, etc., nos pusimos manos a la obra y observamos que un único macho joven era el causante del problema.
Dos esperas anteriores de otros compañeros no dieron resultado.
Un día propicio (vamos, que las mujeres dieron el visto bueno), a eso de las 20:00, colocamos nuestros tree-stands( uno de ellos fabricado con recio roble español), en el lindero del bosque. Que si jabón de ducha scent-lock, que si spray de pino, que si vamos a ponernos pronto para que no huela nuestro rastro..
Nos preparábamos para enfrentarnos a unos finos sentidos que pondrían a prueba nuestros preparativos.
Aún estábamos acomodando el trasero en los tree cuando, casi con luz de día todavía, entró el guarrete de forma nada sutil: como Pedro por su casa, pisando el camino que yo había tomado para subirme a mi árbol y directo hacia la entrada del huerto, el viento del campo hacia la montaña (de donde vino). Una ligera parada que hizo antes de salir al claro fue suficiente (casi ni me da tiempo a apuntar) para que le soltase una 2216 precedida de una punta Satellite Magnum de 125 grains, (3 hojas).
El puntero láser en el corazón del bicho cuando solté y un ruido a un pequeño golpe de tambor con sordina (no sé expresarlo de otra manera) me decía que iba bien tocado. No emitió ningún ruido, escuchándose solamente el romper ramas en su carrera y a los pocos segundos ( 8 como mucho), ruido de vegetación pero este ruido no se desplazaba, por lo que creímos que estaba "estirando la pata".
Tras 3/4 de hora de espera por si acaso, bajamos de los puestos y localizamos la flecha( nada difícil al contener su culatín transparente un luminoso químico en su interior) : sangre buena, roja clara y alguna burbujita en el ástil y en las plumas.
Nos pusimos a rastrear y no encontramos nada. Vueltas y vueltas en círculo hasta la zona donde pensábamos haber oido sus últimos movimientos y nada de nada... Al cabo de una hora de búsqueda infructuosa decidimos volver al sitio del lance y pegar la nariz al suelo (con la linterna que llevábamos ese día , a diez cms de suelo realmente). Trabajo nos costó encontrar seis minúsculas gotitas de sangre (de no más de 3mm de diámetro,) que nos hicieron hallarlo a 80 metros del lugar del lance, en una dirección que no nos pareció correcta al principio al engañarnos la orientación de los sonidos en la noche.
Durante ese tiempo y hasta encontrarlo, tensión, adrenalina y un gran miedo a perderlo.
Luego de la euforia inicial tuvimos que arrastrarlo, hacer la consabida foto en la puerta de la casa (prueba gráfica), cargarlo en el coche , pelarlo..
Cuando acabamos, las dos y pico de la mañana, y al día siguiente a trabajar. Eso sí, con una sonrisa....
¡El abrazo , la sonrisa silenciosa y el cigarro que nos fumamos mirando al bosque con el corazón henchido una vez encontrado el jabalí no tienen precio.
Notas : disparo a 7 metros desde tree stand colocado a 3 metros de altura.
Arco poleas 64 libras, flecha superslam xx 78, 2216 de 28 pulgadas, punta Satellite Magnum 125 grains; disparador.
La flecha traspasó al animal sin romper costillas, afectando pulmón, arteria aorta, hígado (poco). El rastro de sangre fue casi inexistente, estando el animal encharcado por dentro. Como nota curiosa, el tocino que rodeaba las estrellas de la herida estaba apretado cerrando los cortes. La flecha y punta se recuperó intacta.
Aunque le apunté al corazón y presumo de tener arco y láser bien regulado y a esa distancia no fallar en un círculo de 2 x 2 cm, el impacto de entrada estaba un palmo por detrás de donde le apunté (aunque no aprecié en ese momento que se moviera el bicho) y sesgado hacia atrás aunque yo JURARÍA que lo tenía perpendicular a mi posición ( supongo que son distorsiones de la oscuridad).
Dedicado a toda aquella gente que me supo enseñar este mundo y a los compañeros que tuvieron un poco menos de suerte que yo.

Un saludo
CENGAR BCN