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Allí se aprovecha todo y arrastramos el animal hasta la sombra del borde de la jungla con la ayuda de un Toyota que habíamos dejado un kilómetro atrás y de una gruesa cadena. Con más calma y antes de desollarlo apreciamos la gran envergadura de su cornamenta y su perfecta simetría; sus anillos nos cuentan que tiene 20 años y según la longevidad media de la especie, estaba en el final de su vida. Al parecer es un comportamiento común en los viejos machos solitarios, el encastillarse en una cómoda residencia donde coincidan jungla, pastos y agua, y atacar a cualquier cosa que se mueva en su terreno: coches, personas, ganado y hasta a sus propios congéneres de cualquier sexo o edad.
Siguiendo un método muy ritualizado por los australianos extrajimos las distintas partes de la carne del animal, que depositamos con esfuerzo en la cama del coche alternándolas con ramaje de eucalipto, dejando para la jungla y sus habitantes lo que no pudimos aprovechar. Al final del proceso una veintena de milanos esperaban en los árboles a que nos fuéramos para comenzar su festín, así como algunos cocodrilos que agitaban las aguas del billabong próximo.
El recibimiento en el campamento fue triunfal ya que era el primer búfalo que cazábamos con arco (pero no el último) y porque Josetxo y Moisés, espectadores de primera línea, contaron todos los detalles de la cacería al resto de compañeros de expedición. Además de las aseveraciones y exclamaciones de los incrédulos australianos, que a partir de ese día dejaron de ver los arcos como juguetes para locos.

"Imagen del búfalo abatido en el mismo viaje por Josetxo, con un Border de 75 libras"
De mí sin embargo, se apoderó el agotamiento, que mezclado con un poco de deshidratación y un poco de insolación, dieron con mis huesos en la cama sin cenar, para pasar una noche febril soñando con carreras, gritos de cacatúa, flechas volando y soplidos de búfalo.
"Algunos jabalíes y un ejemplar abatido por Josetxo"
A quién se proponga un safari similar le conviene saber que aunque la balanza siempre se inclina hacia la satisfacción, los riesgos y las situaciones extremas se producen constantemente y hay que aguantar el tirón para conseguir resultados. El mejor consejo puede ser además de la prudencia y la tranquilidad, prepararse muy bien físicamente y quizá darse una vuelta por cualquier ganadería brava observando el comportamiento de los bichos, sabiendo que son casi la mitad de tamaño que aquellos. También puedo decir después de 20 años de caza con arco, que hay un antes y un después en experiencias de este tipo.
Tuve el placer y el honor de compartir esta expedición con viejos amigos como:
Josetxo R. Altuna (Popeye), además de legendario cazador arquero, buen organizador e insustituible nodriza en estos viajes al otro lado de la bola.
Ezequiel Clemente, uno de los mejores cazadores arqueros que he conocido y con una generosidad y buen humor que lo hacen imprescindible en excursiones de alto voltaje.
Aitor Martínez, uno de nuestros valores en alza, Presidente de la Federación Alavesa de Caza, experto arquero a pesar de su juventud y mejor amigo, modelo para una nueva y selecta generación de cazadores.
Juan Ramón Alonso, reconocido analista de munición y armas y tirador de una precisión implacable, buen compañero templado en mil batallas y ameno conversador en las noches de safari.
Además de nuevas incorporaciones como:
Moisés D. Boza, conocido escritor en temas de arquería

Antonio Moreno “El pequeño gran hombre” ejemplo de perseverancia en la caza y de verbo locuaz, que amenizó con el relato de sus anécdotas muchas cenas de campamento.
Recuerdos cariñosos para todos ellos.
Han pasado los meses pero todavía resuenan en mi cabeza los ruidos de la jungla y recuerdo como si fuera ayer el atardecer rojo, el enorme sol y bandas de cientos de gansos pasando sobre mi, y aunque volvimos, parte de nosotros quedó allí para siempre, pisteando al búfalo y acechando al jabalí.
Mario Bregaña Etxeberria
27 de diciembre de 2004